La ESA paga 18,6 millones a Kepler para construir la primera red óptica multiórbita del espacio

La ESA paga 18,6 millones a Kepler para construir la primera red óptica multiórbita del espacio

**18,6 millones de euros** es lo que la Agencia Espacial Europea acaba de adjudicar a la empresa canadiense Kepler Communications para liderar el tercer componente de HydRON, su programa de red óptica espacial. Lo que está en juego es construir la primera infraestructura capaz de mover datos a velocidades de terabit por segundo entre distintas órbitas. Si eso funciona, la forma en que fluye la información desde el espacio —y hacia él— cambia de manera radical.

 

Qué ha pasado exactamente

La ESA ha formalizado un contrato con **Kepler Communications** valorado en 18,6 millones de euros —unos 22 millones de dólares— para desarrollar el tercer elemento del programa HydRON (*High-throughput Optical Network*). Este tercer componente tiene un objetivo muy específico: validar que los terminales ópticos instalados en distintos satélites pueden comunicarse entre sí de forma eficiente y fiable. No es un proyecto de laboratorio; es la pieza que cierra un sistema diseñado para funcionar en el espacio real.

HydRON se articula en tres bloques. El primero, también liderado por Kepler desde 2024, consiste en un anillo de **10 satélites ópticos en órbita baja (LEO)** que empezarán a desplegarse en 2028. El segundo lo encabeza Thales Alenia Space, y combinará un satélite en LEO con otro en órbita geoestacionaria (GEO) para probar la interoperabilidad entre órbitas distintas. El tercero —el recién adjudicado— es el que completa el sistema: si los terminales no se hablan bien entre sí, todo lo demás no sirve de nada.

Para este tercer elemento, Kepler aportará una plataforma satelital basada en la misma arquitectura que usa en su propia constelación de relés ópticos. No es tecnología de propósito único: lo que desarrolla para la ESA alimenta directamente su negocio comercial, y viceversa. Entre sus socios figura **Vyoma**, una empresa alemana que contribuirá con una carga útil de vigilancia del espacio, lo que añade una capa de monitorización orbital al conjunto del sistema.

Kepler no llega a este contrato desde cero. En 2024 probó con éxito enlaces ópticos entre dos satélites prototipo en órbita baja. En enero de 2025 lanzó el primer tramo de su propia constelación comercial: **10 satélites de unos 300 kilogramos** equipados con terminales ópticos y capacidad de cómputo a bordo para procesar datos con baja latencia. El segundo tramo está previsto para 2028, coincidiendo con el despliegue de los satélites de HydRON.

Por qué esto importa ahora

Las comunicaciones espaciales han dependido durante décadas de las radiofrecuencias. Funcionan, pero tienen límites físicos: el espectro radioeléctrico está congestionado, las velocidades tienen techo y las interferencias son un problema constante. Las comunicaciones ópticas —básicamente, láser entre satélites— resuelven esos tres problemas a la vez. Ofrecen anchos de banda mucho mayores, no necesitan licencias de espectro y son intrínsecamente más difíciles de interceptar.

El problema hasta ahora era la demostración a escala. SpaceX ya usa enlaces ópticos entre sus satélites Starlink de segunda generación, lo que le da una ventaja operativa real sobre competidores como OneWeb o Telesat. Pero Starlink es una constelación monórbita optimizada para conectividad de usuario final. HydRON apunta a algo diferente: una **red troncal espacial multiórbita** que conecte infraestructuras satelitales de distintos operadores y distintas alturas orbitales