La FAA paraliza el cohete New Glenn de Blue Origin tras perder un satélite comercial

La FAA paraliza el cohete New Glenn de Blue Origin tras perder un satélite comercial

El 19 de abril, el cohete New Glenn de Blue Origin despegó desde Cape Canaveral con su primer cliente de pago a bordo, y días después la FAA lo tenía en tierra. El fallo del segundo estadio del cohete dejó el satélite contratado en una órbita incorrecta, convirtiéndolo en chatarra espacial. Para Blue Origin, que lleva años intentando posicionarse como alternativa real a SpaceX, el golpe no podría llegar en peor momento.

Qué ha pasado exactamente

El lanzamiento del New Glenn 3 tuvo lugar el 19 de abril desde Cape Canaveral Space Force Station y, según informa TechSpot, no pareció un desastre en sus primeros compases. El cohete despegó sin incidentes aparentes, lo que inicialmente generó cierto optimismo entre los equipos de Blue Origin y los espectadores del evento. El problema no estaba en el primer estadio, sino en lo que vino después.

Según un comunicado oficial de la FAA recogido por múltiples medios, «la FAA es consciente de que el New Glenn 3 de Blue Origin experimentó un percance durante la secuencia de vuelo del segundo estadio, tras un lanzamiento exitoso». Esa frase, aparentemente técnica, tiene consecuencias muy concretas: bajo la normativa aeroespacial estadounidense, clasificar un evento como *mishap* —percance o accidente— activa de forma automática un protocolo de investigación obligatoria que implica la paralización de todos los vuelos del vehículo afectado hasta que se complete dicha investigación.

El cliente directo del vuelo era AST SpaceMobile, empresa de telecomunicaciones satelitales. Según informa Fox 35 Orlando, el satélite fue depositado en una órbita incorrecta, quedó inutilizable y se espera que acabe reingresando a la atmósfera terrestre, donde se incinerará. No hay datos públicos sobre el valor económico exacto del satélite perdido ni sobre las cláusulas de compensación del contrato entre AST SpaceMobile y Blue Origin, ya que ninguna de las partes ha detallado esas cifras.

La FAA ha ordenado formalmente a Blue Origin investigar el fallo del segundo estadio del New Glenn, según recoge The Register. Hasta que esa investigación concluya y la agencia apruebe los resultados, el cohete permanece en tierra. No se ha anunciado un plazo concreto para la resolución del proceso.

Por qué esto importa ahora

El New Glenn no es un cohete cualquiera dentro de la cartera de Blue Origin: es el vehículo sobre el que Jeff Bezos ha construido las aspiraciones comerciales serias de su empresa espacial. Después de años siendo percibida como un proyecto de billonario con más presupuesto que resultados, Blue Origin necesitaba que el New Glenn funcionara. El cohete realizó su primer vuelo en enero de 2025 y, aunque ese lanzamiento tuvo sus propios problemas con el aterrizaje del booster, al menos no perdió carga útil. Este segundo incidente con carga comercial real es cualitativamente distinto.

El contexto competitivo hace que el tropiezo sea especialmente delicado. SpaceX, con su Falcon 9, lleva años dominando el mercado de lanzamientos comerciales con una fiabilidad que le ha permitido acumular contratos con la NASA, el Departamento de Defensa estadounidense y decenas de operadores privados. El Falcon 9 ha completado cientos de misiones con un historial de fallos mínimo. Para que un nuevo operador como Blue Origin pueda arrebatarle cuota de mercado, necesita precisamente lo contrario de lo que acaba de ocurrir: demostrar que puede entregar satélites donde tiene que entregarlos. Perder el primer satélite comercial en una órbita equivocada no es el tipo de currículum que convence a los clientes de pagar por un lanzamiento.

Para el sector espacial europeo, este incidente también tiene lecturas propias. Empresas como Arianespace, que opera el Ariane 6, o startups como Isar Aerospace, con sede en Múnich, compiten en el mismo mercado de lanzamientos medianos y pesados. Cada vez que un competidor estadounidense tropieza, se abre una ventana de oportunidad para operadores alternativos. Dicho esto, el mercado de lanzamientos no funciona a corto plazo: los contratos se firman con meses o años de antelación, y un solo fallo no redirige automáticamente la demanda.

Qué implica técnicamente el fallo del segundo estadio

El fallo del segundo estadio es, desde el punto de vista técnico, uno de los más complicados de gestionar en un cohete orbital. El primer estadio —el más grande y visible— es el que genera el empuje inicial para salir de la atmósfera. Pero es el segundo estadio el responsable de llevar la carga útil a la órbita exacta requerida por el cliente. Si el primer estadio falla, el cohete suele destruirse antes de llegar al espacio. Si falla el segundo, el cohete ha llegado al espacio pero no puede completar su misión: deposita la carga en una trayectoria incorrecta o, en el peor de los casos, la pierde completamente.

En el caso del New Glenn 3, el satélite llegó al espacio pero quedó en una órbita que no era la operativa. Eso significa que AST SpaceMobile no puede utilizarlo para los fines para los que fue diseñado. Los satélites de telecomunicaciones están calibrados para funcionar desde órbitas muy específicas; fuera de ellas, sus antenas apuntan en direcciones incorrectas, su consumo energético no está optimizado y, en muchos casos, sus sistemas de propulsión no tienen combustible suficiente para corregir una desviación orbital significativa.

La investigación de la FAA se centrará precisamente en determinar qué falló en esa secuencia del segundo estadio: si fue un problema de propulsión, de software de guiado, de separación entre estadios o de otra naturaleza. Hasta que ese diagnóstico no esté completo y validado por la agencia reguladora, Blue Origin no puede volar. La empresa tampoco ha publicado información técnica detallada sobre las causas del fallo, algo habitual en las primeras fases de una investigación de este tipo.

El impacto sobre la reputación comercial de Blue Origin

Más allá de la pérdida material del satélite, el daño reputacional para Blue Origin tiene una dimensión específica: este era su primer cliente comercial de pago con carga útil real. Los lanzamientos de prueba sin carga, o con carga propia, tienen un margen de error implícitamente aceptado por el mercado. Pero cuando un operador empieza a cobrar por llevar hardware de terceros al espacio, las reglas cambian. AST SpaceMobile pagó por un servicio que no recibió.

La clasificación de la FAA como *mishap* añade una capa adicional de complejidad. No se trata solo de que Blue Origin tenga que explicar qué salió mal: tiene que hacerlo bajo supervisión regulatoria formal, con plazos y requisitos documentales específicos. Ese proceso puede durar semanas o meses, dependiendo de la complejidad del fallo y de la velocidad con la que la empresa pueda aportar la documentación técnica requerida. Durante todo ese tiempo, el New Glenn permanece en tierra y cualquier cliente que tuviera lanzamientos programados en ese cohete tendrá que replantear sus calendarios.

Comparativamente, SpaceX también ha sufrido fallos a lo largo de su historia —el más notable fue la pérdida del Falcon 9 en la plataforma de lanzamiento en 2016, que destruyó el satélite de Facebook—, pero lo hizo en una fase en la que ya tenía un historial suficientemente sólido como para absorber el golpe. Blue Origin no está en esa posición todavía. Cada misión del New Glenn es, a estas alturas, una declaración sobre la madurez del programa.

Qué cabe esperar

La FAA no ha publicado un calendario para la resolución de la investigación, y Blue Origin tampoco ha dado fechas concretas. Lo que sí está claro es que el siguiente vuelo del New Glenn no se producirá hasta que la agencia reguladora apruebe los resultados de la investigación y las medidas correctoras propuestas por la empresa. En casos similares dentro del sector —incluyendo investigaciones previas sobre cohetes de otros operadores— ese proceso ha tardado entre uno y varios meses. El dato concreto de cuántos lanzamientos tenía Blue Origin programados para el New Glenn en los próximos meses no está disponible en la información publicada hasta ahora. Lo que conviene vigilar en las próximas semanas es si AST SpaceMobile emite algún comunicado sobre compensaciones o sobre planes alternativos para reemplazar el satélite perdido, y si otros clientes con contratos firmados con Blue Origin hacen declaraciones sobre el impacto en sus calendarios. La respuesta de la empresa a esta crisis —en términos de transparencia técnica y comunicación con sus clientes— determinará en buena medida si el New Glenn puede recuperar credibilidad comercial antes de que termine 2025.