Una demanda colectiva presentada en Estados Unidos acusa a Disney de utilizar tecnología de reconocimiento facial en sus parques temáticos sin informar adecuadamente a los visitantes de que sus rostros están siendo escaneados. La queja central es clara: los clientes no reciben un aviso suficiente antes de que sus datos biométricos sean capturados.
Los hechos de la demanda
El núcleo de la acusación no es que Disney use reconocimiento facial —algo que la compañía no ha negado públicamente—, sino que lo hace sin el consentimiento explícito e informado de quienes entran a sus instalaciones. Según la demanda colectiva, los visitantes no son notificados de forma clara y visible de que sus rasgos faciales están siendo procesados y almacenados.
Esto no es un detalle menor. Los datos biométricos —huellas dactilares, patrones de iris, geometría facial— tienen una categoría legal especial en muchos estados de EE. UU. precisamente porque, a diferencia de una contraseña, no pueden cambiarse si se vulneran. Illinois, por ejemplo, lleva desde 2008 con la Biometric Information Privacy Act (BIPA), una de las leyes más estrictas del mundo en esta materia, que exige consentimiento escrito previo y establece sanciones de hasta 5.000 dólares por infracción deliberada.
El contexto más amplio: biometría en espacios de ocio
El caso de Disney no ocurre en el vacío. La expansión del reconocimiento facial en entornos comerciales y de entretenimiento ha acelerado en los últimos años, y la pregunta que cada vez más personas se hacen es legítima: ¿alguien está identificando mi cara mientras compro, paseo o disfruto de unas vacaciones?
La tecnología funciona capturando los rasgos geométricos únicos de un rostro —distancia entre ojos, contorno de mandíbula, proporción nasal— y comparándolos contra una base de datos. El proceso ocurre en fracciones de segundo y es, para el usuario, completamente invisible. Esa invisibilidad es exactamente el problema que señala la demanda: si no sabes que ocurre, no puedes oponerte.
En Europa, el AI Act prohíbe el reconocimiento facial biométrico en tiempo real en espacios públicos, salvo excepciones muy tasadas relacionadas con seguridad nacional. En Estados Unidos, la regulación es fragmentada y varía estado por estado, lo que deja amplias zonas grises para que empresas privadas operen con escasa supervisión.
La demanda contra Disney llega en un momento en que Meta también estudia incorporar reconocimiento facial a sus gafas inteligentes, lo que ampliaría aún más los escenarios en los que cualquier persona podría ser identificada sin saberlo ni consentirlo.
La empresa no ha confirmado públicamente los detalles técnicos de su sistema ni ha detallado qué hace con los datos recogidos ni durante cuánto tiempo los conserva.