Un proyecto de 1.000 millones de dólares para construir un centro de datos de inteligencia artificial en Kenia enfrenta una contradicción brutal: la infraestructura eléctrica del país no puede alimentar la instalación sin dejar sin suministro a una parte significativa de la población. La cifra que circula entre los ingenieros involucrados es tan concreta como alarmante — aproximadamente la mitad del país.
El origen del proyecto
El acuerdo se anunció en mayo de 2024, durante la visita de Estado del presidente keniano William Ruto a Washington. La empresa G42 quedó designada para liderar la construcción de la instalación en Olkaria, en el Valle del Rift, una zona conocida por su actividad geotérmica. Microsoft tenía previsto usar esa infraestructura para lanzar una nueva región cloud de Azure en África Oriental, lo que convertiría a Kenia en un nodo estratégico de computación para todo el continente.
La primera fase del proyecto debía estar operativa según el calendario original, pero los problemas de capacidad energética han bloqueado el avance.
El problema que nadie calculó bien
Un centro de datos de IA no es una oficina con muchos ordenadores. Es una instalación que concentra miles de procesadores especializados trabajando de forma continua, con una demanda eléctrica que puede superar con facilidad la de ciudades enteras. Entrenar modelos de lenguaje o ejecutar inferencias a escala requiere una potencia sostenida que las redes eléctricas de muchos países desarrollados ya están empezando a tensar — y Kenia no es una excepción, sino el caso más extremo hasta ahora documentado públicamente.
La red eléctrica keniana tiene una capacidad instalada que no permite absorber la demanda de una instalación de esta magnitud sin comprometer el suministro existente. Poner en marcha el centro de datos implicaría redistribuir energía que ahora llega a hospitales, escuelas y hogares. No es una metáfora: es el dilema técnico real sobre la mesa.
El contexto que hace más incómoda la ecuación
Microsoft no es la única empresa apostando por África como destino de infraestructura tecnológica, pero el caso keniano expone una tensión que el sector tecnológico global prefiere no nombrar directamente. Mientras proyectos como Stargate en Texas se construyen sobre una red eléctrica que, aunque tensionada, tiene capacidad de expansión, los mercados emergentes reciben promesas de desarrollo digital sin que nadie haya resuelto primero la ecuación energética de base.
La geotermia del Valle del Rift era precisamente el argumento para elegir Olkaria: energía limpia y relativamente abundante. El problema es que «relativamente abundante» para las necesidades actuales del país no significa suficiente para añadir encima una de las cargas eléctricas más intensas que existe por metro cuadrado de construcción.
El proyecto sigue sin fecha de inicio confirmada para su primera fase, y la capacidad eléctrica disponible en Olkaria no se ha ampliado oficialmente para acomodar la instalación.