Cerebras vuelve a la carga con su IPO: 510 millones en ventas y un contrato de 20.000 millones con OpenAI

Cerebras vuelve a la carga con su IPO: 510 millones en ventas y un contrato de 20.000 millones con OpenAI

510 millones de dólares en ingresos y un beneficio neto de 87,9 millones. Esas son las cifras con las que Cerebras Systems ha vuelto a presentar su solicitud para salir a bolsa en el Nasdaq, bajo el símbolo CBRS. La empresa, que canceló su primer intento de IPO en 2024, llega ahora con números completamente distintos y un socio de primer nivel: OpenAI.

Qué ha pasado exactamente

Cerebras Systems presentó el 17 de abril de 2026 sus documentos oficiales para cotizar en el Nasdaq. No es su primera vez: en 2024 intentó dar el salto, pero lo retiró. Entonces, el problema era evidente: más del 87% de sus ingresos dependían de un único cliente, el grupo emiratí G42 —respaldado por Microsoft—, lo que asustó a los inversores.

Los números de 2025 cuentan una historia diferente. La empresa cerró el ejercicio con 510 millones de dólares en facturación, frente a los 289 millones de 2024, lo que supone un crecimiento del 76%. Y donde antes había pérdidas netas de 485 millones, ahora hay un beneficio neto de 87,9 millones. El giro es sustancial.

La concentración de clientes sigue siendo alta, pero el mix ha cambiado. G42 ha pasado de representar el 87% al 24%. El nuevo gran cliente es la Universidad Mohamed Bin Zayed de Inteligencia Artificial, también emiratí y pública, que aporta el 62% de los ingresos totales. Sí, los Emiratos Árabes Unidos siguen siendo el eje central del negocio de Cerebras. Pero hay algo más en el horizonte.

En enero de 2026, Cerebras anunció un acuerdo con OpenAI valorado en más de 20.000 millones de dólares hasta 2028. El pacto implica que Cerebras proporcionará hasta 750 megavatios de capacidad computacional para OpenAI, con una posible ampliación de hasta 1,25 gigavatios adicionales antes de 2030. Para financiar la infraestructura necesaria, OpenAI prestó a Cerebras 1.000 millones de dólares. Además, en diciembre emitió warrants que permiten a OpenAI comprar hasta 33,4 millones de acciones de clase N sin derecho a voto.

Por qué esto importa ahora

Hasta hace poco, Cerebras era fundamentalmente una empresa de hardware: diseñaba y vendía sus chips Wafer Scale Engine directamente a clientes. El WSE-3, su procesador más reciente, es literalmente el chip individual más grande del mundo —ocupa una oblea de silicio entera, de ahí el nombre— y está diseñado para ejecutar modelos de lenguaje grandes con una velocidad de inferencia muy superior a la de las GPUs convencionales de Nvidia.

Pero la estrategia ha girado. Ahora Cerebras opera esos chips dentro de sus propios centros de datos y los ofrece como servicio en la nube. Eso la coloca directamente en el mercado de computación en nube para IA, compitiendo con Amazon Web Services, Microsoft Azure, Google Cloud, Oracle Cloud y CoreWeave. Es decir, contra todos los grandes del sector a la vez.

El momento no es casual. Después de una sequía de IPOs tecnológicas que comenzó en 2022, los mercados llevan meses expectantes. Empresas como Anthropic y OpenAI están valorando también sus propias salidas a bolsa. Cerebras llega con ventaja: ya tiene números positivos, un contrato masivo firmado y acuerdos con Amazon —que en marzo firmó un pacto para ofrecer chips de Cerebras y adquirir aproximadamente 270 millones de dólares en acciones de clase N— y menciones en los resultados de Oracle. El timing es deliberado.

Qué dicen los que saben

Lo más interesante del reposicionamiento de Cerebras no es el contrato con OpenAI en sí, sino lo que implica sobre cómo está evolucionando el mercado de infraestructura de IA. Durante años, la narrativa dominante era simple: Nvidia fabrica las GPUs, las empresas las compran o alquilan, y punto. Cerebras está apostando por demostrar que hay espacio para alternativas especializadas, especialmente en el segmento de inferencia —que es ejecutar modelos ya entrenados para responder consultas—, donde su arquitectura tiene ventajas reales de velocidad y coste.

La comunidad financiera e inversora está mirando con más atención este segundo intento. El primer fracaso en 2024 dejó una pregunta en el aire sobre la concentración de riesgo geopolítico, dado el peso de clientes emiratíes. Esa pregunta no ha desaparecido del todo, pero el acuerdo con OpenAI —una empresa estadounidense, con visibilidad global y respaldo político— actúa como contrapeso narrativo. Si miramos los datos del prospecto, Cerebras sabe que los inversores necesitaban ver diversificación, y eso es exactamente lo que está presentando en papel.

Lo que nadie te está contando

El elefante en la habitación es que el 86% de los ingresos de Cerebras sigue viniendo de los Emiratos Árabes Unidos. G42 más la Universidad Mohamed Bin Zayed suman prácticamente todo el negocio actual. Esto no es un detalle menor: es exactamente el argumento que hundió el primer intento de IPO. Que el cliente haya cambiado de nombre —de G42 a una universidad pública— no cambia el riesgo de fondo. Si hay una tensión diplomática, una restricción de exportación o un cambio de política en Washington respecto a la transferencia de tecnología de IA a los Emiratos, Cerebras tiene un problema enorme. Y esos riesgos son completamente reales: el Departamento de Comercio de EE.UU. ha estado restringiendo las exportaciones de chips avanzados de Nvidia precisamente a esa región.

El otro ángulo que pasa desapercibido es la naturaleza del acuerdo con OpenAI. Cerebras lo presenta como una señal de fortaleza, y lo es, pero también es una dependencia nueva y potencialmente más peligrosa que la anterior. El contrato incluye una cláusula que permite a OpenAI cancelar parcial o totalmente el acuerdo si Cerebras no entrega la capacidad prometida a tiempo o si la calidad del servicio cae por debajo de cierto umbral. Construir 750 megavatios de infraestructura operativa entre 2026 y 2028 es un proyecto de ingeniería masivo. Si hay retrasos —y en construcción de centros de datos los hay casi siempre—, OpenAI puede irse. Y entonces Cerebras habría pedido prestado 1.000 millones de dólares para financiar infraestructura que su único gran cliente nuevo no utilizará.

Qué esperar a partir de ahora

La ventana de IPO más probable apunta al segundo semestre de 2026, cuando los mercados habrán procesado los resultados del primer trimestre post-presentación y el acuerdo con OpenAI tenga más visibilidad operativa. Si la infraestructura avanza según lo previsto y Amazon convierte su acuerdo de marzo en ingresos reales, Cerebras podría llegar a bolsa con una historia mucho más sólida que en 2024. La pregunta que quedará abierta para los inversores es si una empresa cuyo negocio principal depende de un país, un cliente universitario y un contrato condicionado a cumplir plazos de construcción merece la valoración que persigue.