El software gratuito de Hollywood acaba de invadir un territorio que costaba una suscripción mensual

El software gratuito de Hollywood acaba de invadir un territorio que costaba una suscripción mensual

Hay una herramienta que llevan años usando los coloristas de la industria del cine, los editores de series de Netflix y los estudios de postproducción de medio mundo, y que se puede descargar gratis. Esa frase no ha cambiado desde hace más de una década, pero lo que se puede hacer con ella sí acaba de cambiar de forma drástica. La última versión del software más completo de postproducción del mercado ha cruzado una frontera que nadie le había pedido explícitamente, pero que millones de usuarios estaban esperando en silencio: ahora también edita fotos.

Y lo hace con el mismo motor de corrección de color que sirve para graduar largometrajes nominados al Oscar.

Lo que se ha anunciado en Las Vegas

Blackmagic Design ha presentado DaVinci Resolve 21 durante el NAB 2026, la feria de referencia de la industria de medios en Las Vegas, y ha publicado simultáneamente la beta pública para descarga gratuita desde su web. No hay fecha de lanzamiento definitivo confirmada, aunque los responsables del producto han sugerido un horizonte entre junio y julio, siguiendo los ciclos habituales del software. La versión estable suele llegar «cuando los desarrolladores están satisfechos», según ha explicado el equipo de Blackmagic.

El anuncio es masivo. Más de 300 nuevas funciones repartidas entre todas las páginas del programa. Pero la que marca un antes y un después es una: la aparición de una página de fotografía completamente nueva que convierte a DaVinci Resolve en editor de imágenes estáticas por primera vez en su historia.

La página de fotos: qué es y por qué importa

DaVinci Resolve siempre ha sido un programa modular. Tiene una página para edición de vídeo, otra para corrección de color, otra para efectos visuales (Fusion), otra para mezcla de audio (Fairlight) y una de montaje rápido (Cut). Cada nueva página que se añade expande el concepto de «todo en uno» un paso más. Resolve 21 añade la sexta: la Photo page.

Lo que ofrece no es un editor de imágenes simplificado. Es el acceso directo a todo el motor de corrección de color que los coloristas de cine ya conocen, pero aplicado a archivos fotográficos. Eso incluye corrección primaria, curvas, qualifiers, ventanas de potencia, LUTs y, lo que hace único a Resolve, edición basada en nodos. El flujo de trabajo por nodos permite encadenar ajustes en serie o paralelo, aplicar correcciones diferentes a distintas áreas de una misma imagen de forma simultánea, y utilizar nodos compartidos para replicar un aspecto visual a todo un álbum con un solo gesto.

Toda la cadena de procesamiento preserva la resolución original del archivo. Recortar, reencuadrar o ajustar relación de aspecto no degrada la calidad, porque el sistema trabaja sobre el archivo RAW o la fuente original en todo momento. Es el mismo principio de edición no destructiva que Lightroom o Capture One aplican, pero con un motor de color que procede de la industria cinematográfica, no de la fotográfica.

La vista LightBox permite revisar álbumes completos con los ajustes de color aplicados en tiempo real, con opciones de filtrado por calificación, banderas, estado de procesamiento o categorías personalizadas. Los álbumes se pueden organizar por día de sesión, modelo de cámara o criterios libres, con ajustes RAW por lotes y etiquetado masivo pensados para ahorrar tiempo en bibliotecas grandes. Para los usuarios de Lightroom, la interfaz resultará reconocible pero con una profundidad de corrección de color que difícilmente encontrarán en su herramienta habitual.

Para fotógrafos que trabajan con cámaras Sony o Canon, la nueva versión incorpora tethering nativo: la captura directa desde la cámara al ordenador, volcando las imágenes directamente en los álbumes del programa. No es una función exclusiva de Resolve —Capture One y Lightroom ya la ofrecen—, pero sí es la primera vez que Resolve la integra, y completa el circuito que permite ir desde el disparo hasta la entrega final sin salir del programa.

Las ocho herramientas de IA que amplían lo que se puede hacer en postproducción

La página de fotos acapara los titulares, pero Resolve 21 trae además ocho nuevas herramientas basadas en inteligencia artificial, todas alimentadas por el DaVinci Neural Engine, el motor de procesamiento local del programa. Un detalle importante: todo se ejecuta en la máquina del usuario, sin enviar datos a la nube. Para profesionales que trabajan con material bajo contrato de confidencialidad, esa arquitectura local no es un detalle secundario.

IntelliSearch indexa todo el material multimedia del proyecto y permite buscar por objetos reconocidos, palabras pronunciadas en el diálogo o rostros específicos. Los resultados aparecen como clips completos en el Media Pool y se pueden enviar directamente a smart bins. Durante la demostración en el stand del NAB, el equipo de Blackmagic buscó «elefante» en un banco de clips y el sistema identificó correctamente un plano cerrado del animal a pesar de que el encuadre hacía difícil reconocerlo a primera vista. La herramienta no soporta actualmente búsquedas compositivas como «planos abiertos», pero para descubrimiento de contenido basado en elementos visuales concretos puede ahorrar horas en proyectos con archivos extensos.

CineFocus permite redefinir el punto focal de una toma después de haberla grabado. Se hace clic en el área donde se quiere el enfoque, se ajustan la apertura y el rango focal, y el sistema genera una profundidad de campo sintética con control de la forma del apertura y efectos ópticos como bokeh. Los parámetros son animables con keyframes, lo que permite simular cambios de foco dentro de un mismo plano. Para un editor que recibe material donde el foquista cometió un error en una toma irrepetible, esto puede significar la diferencia entre descartar el plano y poder usarlo.

El resto del arsenal incluye AI Face Age Transformer (envejecer o rejuvenecer rostros), AI Face Reshaper (modificar proporciones faciales), AI Blemish Removal (eliminar imperfecciones cutáneas preservando textura natural), AI SlateID (lectura automática de claquetas para poblar metadatos), AI Motion Deblur (reducción de desenfoque por movimiento) y AI UltraSharpen (el sistema de enfoque más avanzado de Resolve hasta la fecha, pensado para material subexpuesto al detalle o upscaleado).

Además, una novena herramienta cruza al territorio del audio: el AI Speech Generator convierte texto escrito en locución, utilizando modelos de voz predefinidos de Blackmagic o voces personalizadas entrenadas a partir de tan solo diez segundos de audio fuente. Se puede ajustar velocidad, tono e inflexión.

El elefante en la habitación: ¿cuánto cuesta todo esto?

Aquí está la parte que probablemente más incomode a Adobe y a Phase One. DaVinci Resolve mantiene su modelo de precios histórico. La versión gratuita del software es completamente funcional para la inmensa mayoría de los usuarios. No es una demo limitada ni un trial con marca de agua: es un programa profesional real que se puede usar en producción. Algunas de las herramientas de IA más avanzadas y ciertas funciones específicas de rendimiento se reservan para la versión DaVinci Resolve Studio, que tiene un precio de 295 dólares —pago único, sin suscripción— e incluye actualizaciones de por vida.

Frente a los 9,99 dólares mensuales que cuesta la suscripción de Adobe Lightroom, o los más de 20 dólares al mes del plan de Capture One, el modelo de Blackmagic es difícil de atacar desde el lado económico. En dos años y medio de uso, el plan de Adobe habrá costado lo mismo que la licencia de por vida de Resolve Studio. A partir de ahí, cada mes es ahorro neto. Y la versión gratuita ni siquiera entra en esa ecuación.

El timing no es casual

Blackmagic no ha elegido este momento al azar. Adobe lleva meses en el centro de una conversación incómoda entre los profesionales creativos. Los cambios en las condiciones de uso de Creative Cloud, las subidas de precio escalonadas y la controversia que generaron las cláusulas sobre utilización de contenido para entrenar modelos de IA han erosionado la confianza de una parte significativa de la base de usuarios. La pregunta «¿hay vida fuera de Adobe?» lleva tiempo siendo una de las más buscadas en foros y comunidades de fotógrafos.

Resolve 21 llega con una respuesta concreta a esa pregunta. No solo ofrece una alternativa funcional, sino que lo hace desde una posición de legitimidad difícil de cuestionar: el mismo software que gradúa los largometrajes más exigentes del mercado, ahora con capacidad para procesar archivos RAW con la misma profundidad. Para el profesional que ya trabaja con vídeo y fotografía, la eliminación de un programa entero de su flujo de trabajo no es una promesa de marketing. Es una posibilidad real.

Lo que no resuelve (todavía)

Conviene ser honestos con los límites. La página de fotos es nueva, y por definición una primera versión llega con menos madurez que herramientas que llevan una década refinándose. Lightroom tiene un ecosistema de presets, integraciones con servicios de almacenamiento en la nube, apps móviles y un flujo de catalogación que lleva años pulido. Capture One tiene un control de color por capas que muchos fotógrafos de moda y producto consideran insustituible.

Resolve 21 ofrece un motor de color más potente que ambos, pero el ecosistema alrededor todavía no existe al mismo nivel. No hay aplicación móvil complementaria, el sistema de catalogación es nuevo y deberá demostrar que escala bien con bibliotecas de decenas de miles de imágenes, y la comunidad de presets y recursos compartidos está por construir. Son limitaciones reales que no invalidan la propuesta, pero que conviene tener en cuenta antes de migrar un flujo de trabajo profesional entero.

La dirección es difícil de ignorar

DaVinci Resolve lleva años moviéndose hacia un modelo que pocos programas han intentado y ninguno ha completado: ser la herramienta única de toda la cadena de producción de contenido visual y auditivo. Editor de vídeo, corrector de color, compositor de efectos, mezclador de audio, y ahora editor fotográfico. Todo en un mismo programa, con un mismo proyecto, compartiendo los mismos nodos, las mismas LUTs y los mismos archivos fuente.

Con la versión 21, esa convergencia deja de ser una promesa lejana y empieza a ser funcional. Todavía quedan esquinas por pulir y terreno por ganar en el ecosistema fotográfico, pero la dirección es inequívoca. Y la combinación de potencia técnica, coste cero en su versión base y el respaldo de una industria cinematográfica que ya la usa como estándar es un argumento que va a ser muy difícil de rebatir durante los próximos años.

Para cualquiera que trabaje con imagen —en movimiento o estática—, esta beta merece una instalación y una hora de prueba. Lo que se descubra ahí puede cambiar la lista de suscripciones activas el mes que viene.